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La sombra de Hilario Méndez

Las nueve personas asesinadas pertenecían a una misma familia, de apellido Hilario Méndez, compuesta por dos matrimonios, abuelos y padres de cuatro niños de 12, 8, 6 y 2 años, además de un bebé de dos meses. En medio de un impresionante charco de sangre, ocho de los nueve cuerpos encontrados yacían en el interior de una minúscula choza de paja y madera. El otro cadáver, sin embargo, aparecía a casi 300 metros del lugar de la tragedia, con la cabeza cortada. Ni la cabeza de la persona que yacía en el exterior de la choza, ni las de un menor y una niña recién nacida fueron localizadas, por lo que se supone que los asesinos se las llevaron como botín. (…) Las sospechas apuntan a conflictos de sectas.

De un periódico del 28 de abril de 1994.

 

 

La luna de los indios,
siempre menguada,
no alcanza a iluminarles
toda la cara.
No puedo verlos,
y no sé si están tristes
o están contentos.

Tiene razón el blanco:
los pobres cholos
ni siquiera se mueren
como nosotros.
Nadie los planta,
y un buen día se agostan
o los arrancan.

Cuando la noche pesa
sobre la gente,
se impacientan las balas
y los machetes.
No sabrán nunca
a qué mano acompañan
ni lo que buscan.

Mil estampas tiznadas
velan el sueño
y una Virgen sin carne
vendrá a romperlo.
Indio, despierta,
que la muerte está en celo
junto a tu puerta.

Para siempre sestean
viejos y niños,
raspados por la uña
de un dios mestizo.
En la hornacina
un madero desprende
rubias sonrisas.

La luz escarba en vano
cuajos de tierra:
la sombra de los Méndez
no está completa.
Ánimo, Hilario,
que usarán tu cabeza
de escapulario.

 

© José María Micó, Verdades y milongas, DVD poesía, 2002.

 

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