Estás como los árboles, inquieta;
desnuda como el agua; preparada
como la tierra para la acampada
o como el aire para la veleta.

Estás aquí. Por verte, más deprisa
se despereza el sol. Estás tan alta,
que hasta al maldito tiempo le hará falta
un escalón para callar tu risa.

Ya cien hombres anhelan el trofeo
de perder la esperanza o la cabeza
y oler la flor portátil de un deseo.

Y sin embargo yo, mientras mendigo
a mi imaginación otra agudeza,
tengo bastante con estar contigo.

 

 © José María Micó, La espera, Premio de Poesía Hiperión, Madrid, Hiperión, 1992.

 

 

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