El atardecer de ayer en León tenía algo rojo de vermut inmenso afuera, pero dentro, allí dentro del claustro interior de San Isidoro donde Luis Alberto de Cuenca leía sus viejos poemas novísimos, hasta las piedras románicas firmadas por los siglos parecían brillar con el brillo de lo nuevo.

Fue la primera parte del colofón. Luego Marta y Micó, ese dúo catalán que funciona como un bandoneón porteño, como una máquina de hacer desinfectante tristeza, cantaron tangos en el Gran Café.

Son cosas que suceden para ser recordadas.

Es la cultura de verdad.

 

Luis Artigué, León Noticias, 9 de septiembre de 2015.

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