Se acaba el día
y aquí caerá el telón de este teatro;
tomados de la mano,
no nos queda el valor ni de mirar.
Haz de mí lo que quieras…
Indiferentemente,
nada soy para ti,
¡qué importa ya mi muerte!
Dame ese veneno,
no esperes a mañana,
que indiferentemente,
si no amanece
no me importa nada.
Mientras te ríes,
me estalla el corazón hecho pedazos;
no siento ni dolor,
ni espero nada ya de tus abrazos.
Haz de mí lo que quieras…
Indiferentemente,
nada soy para ti,
¡qué importa ya mi muerte!
Dame ese veneno,
no esperes a mañana,
que indiferentemente,
si no amanece
no me importa nada.
Letra: Umberto Martucci (adaptación de José Maria Micó); música: Salvatore Mazzocco.
