Filólogo y catedrático de Literatura del Departamento de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra, revela unas pinceladas de su vida fuera de la Universidad: un cuadro con tonos nocturnos, paisajes bohemios y sonidos de guitarra.

“Si me tuviese que definir de alguna manera sería como un hombre de letras”, responde a la pregunta José María Micó entre risas, las cuales son capaces de transmitir su vitalidad y su afabilidad incluso a través del teléfono. Según él, este término es capaz de condensar lo que muchos dividen en pasión y profesión, y que para él significa “preocuparse por el hecho mismo de la escritura”, incluyendo desde su poesía y sus canciones a sus estudios filológicos.

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona, se doctoró en 1989 e imparte clases desde 1992 de literatura española y europea en la Universidad Pompeu Fabra. Para él, lo principal en la docencia son “el rigor y la pasión”, que en su caso pasa por transmitir a sus estudiantes la importancia y esencia de autores como Dante, “que siguen vivos a día de hoy, por ello son clásicos”. En su paso por esta universidad también dejó una generosa donación de 12.000 volúmenes al fondo de la Biblioteca.

Micó revela que durante toda su vida ha tenido la música “como un deseo escondido en un cajón”. Para comprender el origen de esta pasión casi enterrada, pero siempre latente, hay que remontarse a su juventud: “cuando tenía 18 años tenía bien claro que quería hacer dos cosas: una era traducir la Divina Comedia de Dante y la otra escribir canciones”, explica con la precisión que solo una promesa férrea puede hacer sobrevivir en el tiempo.

Sin embargo, ambos propósitos tuvieron que esperar para cumplirse. “Durante casi cuarenta años me he dedicado a formarme y trabajar como filólogo, pero nunca me olvidé de ninguna de las dos ilusiones”, explica el catedrático de Literatura del Departamento de Humanidades de la UPF. La música, sin saberlo, fue la primera en cumplirse: los poemas que le acompañaron desde su juventud hasta su trayectoria profesional como catedrático se fueron convirtiendo al son de su guitarra en canciones. En segundo lugar, y hace tan solo dos años, vio la luz el segundo de los propósitos de Micó: su propia traducción de la Comedia de Dante Alighieri, que se suma a su larga lista de traducciones de clásicos al castellano.

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