«En las escaleras del Metro de Chueca me encuentro con el poeta Micó y su esposa Marta, que han venido a Madrid a grabar su segundo disco. Es una historia curiosa la de esta pareja de profesores de literatura, él en la Pompeu Fabra y ella en un instituto. Desde hace unos años, bajo el nombre de Marta y Micó, llevan una vida paralela, una vida farandulera y cada vez más exigente, como intérpretes en bodegas bohemias, cafetines y festivales de un repertorio de tangos y de canciones que Micó escribe y musica. Yo, que le conocí por su poesía y luego he ido leyendo sus exégesis de las Soledades de Góngora, sus traducciones de Ausiàs March y de Ariosto –el año que viene publicará su versión de la Divina Comedia-, en fin, su trabajo sobre la alta cultura, observo desplegarse esa segunda vida musical y nocturna que para ser plenamente bella debería conducirles al adiós a las aulas, y echarse a los caminos a cantar hasta el alba en las ventas canallas, y acabar en el alcoholismo, la ruina, la locura. Dudo de que me den esta satisfacción –Micó es demasiado racional- pero me bastan las otras.»
Ignacio Vidal-Folch, «Otra vida igual», en El Mundo, sábado 16 de abril de 2016.
