Ya no puedo ser más de lo que he sido,
y lo que he sido es poco:
un tonto con las ínfulas de un loco
y el corazón podrido.
Podrido como fruto que va al suelo:
tengo toda la pulpa,
pero seca y rugosa, y mi consuelo
es canturrear mi culpa.
Mi culpa fue vivir, vicio corriente,
pero viví escondido:
no llamé la atención ni del olvido,
y me ignoró la gente.
La gente me da igual, pues entre todas
las bocas que respiran,
solo una boca susurró en mi boca,
y dijo una mentira.
La mentira es moneda despreciable
que compra por menudo,
y yo me la embolsé para alegrarme,
y amanecí desnudo.
Desnudo y triste como un pozo ciego,
hondo, oscuro y amargo,
como un pozo tan negro, que el sediento
debe pasar de largo.
© José María Micó, Caleidoscopio, Premio de Poesía Generación del 27, Madrid, Visor, 2013.
