Se abrazaban de día,
aprovechando todas las esquinas.
Se esperaban de noche,
mezclados en los sueños de los hombres.
En todas las esquinas
queda un rescoldo de su fantasía.
Entre todos los hombres
imaginan a un hijo fuerte y noble.
Un día,
un día cualquiera,
se prestaron las bocas.
Una noche,
una noche cualquiera,
el entusiasmo les llenó las copas.
El tiempo les prepara
el desayuno todas las mañanas.
El sol les da su sangre
para entibiar el frío de la tarde.
Al salir, de mañana,
olvidaron decir que se esperaban.
De vuelta, por las tardes,
perdieron la costumbre de buscarse.
Un día,
un día cualquiera,
se prestaron las bocas.
Una noche,
una noche cualquiera,
el desengaño les quebró las copas.
© José María Micó, Verdades y milongas, Barcelona, DVD Ediciones, 2002.
